Las Redes Sociales y los trastornos alimenticios, son cómplices peligrosos.

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Por: Paola Sánchez Carpio

A las 4 de la tarde Claudia regresa de la escuela. Desde que abre la puerta de su casa un aroma cálido y ácido, como a estofado de carne, la persigue por las escaleras hasta el corredor de su cuarto. 

Finalmente, en su dormitorio, corre a su escritorio para conectar su teléfono inteligente que apenas tiene 7 % de batería. Su recorrido en bus desde la escuela se le hizo interminable.

“Lávense las manos y bajen a la mesa” grita su mamá, Ofelia, desde la cocina. Claudia sigue con la mirada fija en su teléfono como si  tratará de acelerar la recarga con los ojos.

Resignada, finalmente baja a la cocina. Este es uno de los momentos más difíciles del día.

La mitad de una pequeña tortilla de maíz, cortada minuciosamente por Claudia, reposa en su plato junto a un manojo de culantro y dos trocitos de carne, los más pequeños de la olla, que ella misma también escogió.

Este es un taco para Claudia y también su cena entera.

Ella acaba de cumplir los 17 años de edad y desde hace dos meses asiste a un programa específico para tratar su Anorexia Deportiva.

La anorexia deportiva o anorexia atlética es un trastorno de la conducta alimenticia relacionada con excesivo ejercicio físico y la obsesión por comer sano, usualmente evitando carbohidratos y todo tipo de grasas.

La pequeña porción que se sirve en la cena es un gran paso. Hace dos meses Claudia solo comía dos barra de granola y tres gaseosas sin calorías al día.

A los 10 años de edad abrió su primera cuenta de Facebook y a los 13 tenía 200 seguidores en Instagram. A los 15 años, pasó a formar parte del grupo de baile de Hip Hop de su escuela y perdió 10 libras. Sus seguidores de Instagram se triplicaron y todos comentaban lo bien que se veía.

“Personas que ni conocía me empezaban a escribir y siempre que posteaba pasos de baile o mis rutinas de abdominales recibía un montón de likes”, comenta Claudia.

Claudia tenía pocos amigos en la escuela y sentirse conectada con tantas personas en sus cuentas virtuales la motivaba a seguir ejercitándose. Así es como empezó progresivamente su perdida de peso.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cada año se reportan al menos 80 mil casos nuevos de trastornos de la conducta alimenticia que puede ocasionar la muerte de alrededor de 100 personas.

El uso de redes sociales puede afectar psicológicamente a los jóvenes al promover estereotipos e imágenes distorsionadas del cuerpo.

“Empecé a seguir algunas cuentas de Youtube y Facebook que hablaban de ejercicio y dietas y quería hacer un blog donde las personas se inspiren conmigo, tanto como yo me inspiraba con las fotografías de físico culturistas y modelos”, admite Claudia.

Anorexia, bulimia, vigorexia ,entre otros trastornos de la conducta alimenticia, son considerados como una enfermedad mental  que afecta física y psicológicamente a las personas que lo padecen.

El trastorno alimenticio ocurre cuando una persona sufre de pensamientos distorsionados sobre su alimentación y su cuerpo.

El Dr. Jaime Sidani  es Director adjunto del Centro de Investigación sobre Medios, Tecnología y Salud de Pittsburg en los Estados Unidos y es uno de los autores de un estudio publicado en el 2016 sobre la relación del uso de las redes sociales con el riesgo de los trastornos alimenticios.

Sidani menciona: "Las redes sociales combinan muchos de los aspectos visuales de los medios tradicionales con la oportunidad para que los usuarios interactúen y propaguen estereotipos".

En otro estudio de la Universidad de Pittsburg se encuestaron a 1.765 adultos estadounidenses de entre 19 y 32 años en 2014 para determinar el uso de las redes sociales. Entre ellas Facebook, YouTube, Twitter, Google Plus, Instagram, Snapchat, Reddit, Tumblr, Pinterest, Vine y LinkedIn.

Los expertos encontraron que los participantes que pasaron la mayor parte del tiempo en las redes sociales a lo largo del día; tenían 2,2 veces el riesgo de mostrar problemas de alimentación e imagen corporal, en comparación con sus pares que pasaban menos tiempo en las redes sociales.

Además, los jóvenes encuestados que admitían revisar con mayor frecuencia las redes sociales a lo largo de la semana corrían el riesgo de padecer de estos trastornos 2.6 veces más que aquellos que lo hacían con menos frecuencia.

Otro de los investigadores de este estudio, Brian Primack, vicecanciller la Escuela de Ciencias de la Salud de Pittsburg en Estados Unidos, señaló que "Podría ser que los adultos jóvenes que usan más redes sociales están expuestos a más imágenes y mensajes que fomentan el desarrollo de trastornos alimentarios".

Los jóvenes están expuestos a páginas y cuentas de redes sociales que promueven hábitos y retos poco saludables de alimentación y ejercicio.

La tendencia viral de Facebook del reto de cintura de hoja A4 que empezó en China y luego se popularizó en otros lugares como Estados Unidos en el 2016 es un buen ejemplo. El reto consistía en poder cubrir toda la cintura frente a la cámara únicamente con una hoja de papel bond tamaño A4.

Participantes publicaban fotos comparando sus cinturas a las hojas de papel.

Transtorno alimenticio TimeTogether

En un esfuerzo por luchar contra los desórdenes alimentarios impulsados por los redes sociales, Instagram y Youtube, por ejemplo, han prohibido videos y los hashtags 'thinspiration' (inspiración de delgadez).

Sin embargo el peligro de desinformación y obsesión que nace gracias al bombardeo constante de imágenes que nos alientan a compararnos todo el tiempo todavía persiste y es un problema latente.

Como dice Claudia, “todos queremos tener la vida perfecta, el cuerpo perfecto y a veces es difícil aceptar que lo que vemos es solo una pequeña parte de la vida que a veces se convierte en tu vida entera y te olvidas de lo demás”.

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